Love is in the hormones

I brain you” Te lo digo de todo corazón” , ” con el corazón en la mano” , “con el corazón en un puño ” , ” me salió del corazón” , ” ábreme tu corazón” , ” “me tienes el corazón robado ” , ” no tiene corazón ” , ” me ha roto el corazón ” … El corazón siempre se ha asociado a las emociones y , desde quién sabe cuándo, el sentimiento amoroso tiene forma de corazón por imperativo popular. Cuando nos enamoramos, el corazón nos late a cien por hora. Tenemos taquicardia y otros síntomas , como las famosas mariposas en el estómago, la flojera en las piernas o el sudor frío. Nos quedamos absortos y encantados y nada nos importa más que aquella persona en concreto. Conceptualmente es interesante recordar (una vez más) que detrás de todos estos desenfrenos corporales y mentales el corazón no pinta mucho, es el cerebro quien se altera y provoca una serie de consecuencias, generadas por la segregación de una serie de hormonas que afectan nuestro ritmo cardíaco. El amor es química , ya lo dicen , y eso sí que es literal. Cuando se nos pone por delante un determinado ser humano ( otras modalidades no serán contempladas en este post ), nuestro cerebro se dispara y ordena la segregación de componentes como la adrenalina, la serotonina, la norepinefrina, la oxitocina o la dopamina .

Timothy Loving , ( ¿determinismo etimológico ? ) profesor de ecología humana en la Universidad de Texas, explica que el proceso del enamoramiento pone en marcha un complejo sistema de respuestas fisiológicas. Cuando tenemos delante al humano que nos ” roba el corazón” la glándula suprarrenal genera adrenalina y las otras hormonas mencionadas. Llegan a la sangre y hacen que el corazón bombee más rápido. ¿Por qué ? Pues por que nos sentimos en una situación de riesgo y el cuerpo se prepara para reaccionar. El corazón late más deprisa para enviar una cantidad extra de oxígeno a las células, porque gastamos más energía de lo habitual. Es decir que de primeras reaccionamos igual si tenemos delante en Freddy Krugger que el homólogo simétricamente opuesto. En el primer caso estamos en riesgo de llevarnos el peor de los regalos , y en el segundo el mejor premio inimaginable (o eso es lo pensamos en ese momento tan obtuso) .

Helen Fisher , profesora y antropóloga desde la vertiente de la biología en la Universidad de Rutgers, explica que la dopamina es la que nos provoca que centremos toda nuestra atención en el ser codiciado y que nos sintamos ansiosos, eufóricos y llenos de energía y motivación.La norepinefrina está más ligada al sentimiento romántico y también hace que nos concentremos mucho, tanto que nos fallan las piernas. La serotonina promueve el pensamiento obsesivo y nos hace sentir contentos. Y todo este desbarajuste, ¿para qué? Hay tres ramas del cerebro relacionadas con el enamoramiento, dice Fisher. El deseo sexual (a) , la atracción (b) y la afección o vínculo de unión (c) . “El deseo sexual nos empuja a buscar una gran cantidad de parejas potenciales. La atracción sirve para enfocar la energía del apareamiento en una sola persona y la afección es necesaria para poder tolerar a la pareja elegida al menos el tiempo suficiente para tener hijos con ella.”

Estas tres ramas pueden activarse por separado y -según dicen 😉 – también a la vez . Saber distinguir “a” de ” b ” y de ” c ” no resulta fácil y esto puede resultar peligroso. Si tenemos ganas de declararnos, concretemos. Podemos elegir entre decir ” me subes la dopamina ” , ” me disparas la adrenalina ” , ” o me pones la serotonina a cien” . Si este ser humano maravilloso nos hace tambalear las tres ramas, quizá lo más adecuado sería decirle : ” Te cerebro ” . Pero deberíamos estar bien seguros porque, como decía Groucho Marx , “el amor de tu vida sólo llega una vez pero, cuando llega, no hay quien se lo quite de encima” .

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